Todavía pese a quién le pese hay en este mundo cosas que pueden llenarnos de asombro, cosas que se salen de lo común.
Una piedra nunca se mueve de donde se encuentra salvo que se le aplique una fuerza o que la superficie donde reposa se altere o que las condiciones ambientales hagan que se produzca un levísimo movimiento al dilatarse y al contraerse por efecto de los cambios de temperatura.
Pero hay un lugar donde las piedras se mueven, dan un paseo solitas y me llenan de asombro.
Os invito a que las conozcáis un poquito, que conste que teorías sobre su movimiento hay muchas, unas muy bien fundamentadas otras no tanto, pero de todas formas es algo extraordinario.
